domingo 20 de diciembre de 2009

Una nueva y asquerosa mirada

"District 9" (2009) es un enorme campo de concentración de alienígenas, una especie de asquerosas langostas humanoides de quienes, por momentos, uno clama por su inmediata detonación. Pero después del inicio de la metamorfosis accidental del protagonista (no tan detallada como en "The fly", pero igualmente nauseabunda), uno pasa poco a poco a comprender algo de la situación de las criaturas extraterrestres, sin caer en la lástima fácil, tanto así que a la hora de las batallas ya no es tan sencillo elegir el bando bélico de su preferencia, entre otras cosas porque el principal implicado es una simbiosis de ambos y porque no se sabe si es peor la plaga de horribles criaturas o la mafia de traficantes humanos infiltrada en el sector. Mención aparte merece la biotecnología alienígena, por la cual uno acaba siendo seducido. Eso sí, admitamos que la crujiente sensación de cucarachas aplastadas y las varias explosiones de cuerpos humanos cuyos minúsculos restos chispean las cámaras no dejan de causar cierta impresión, aunque seguramente en la sala de cine habrá más de algún tipo o tipa con el cerebro transtornado... ¡que romperá en carcajadas impertinentes!

sábado 19 de diciembre de 2009

Sin margen de error

Cuando una compañía cinematográfica le concede trescientos millones de dólares a un tipo para que haga una película, no puede haber fallo posible. Por eso el tal tipo hubo de ser alguien de comprobada efectividad, como James Cameron. "Avatar" (2009) cumple las altas expectativas, no tanto porque llegue a ser una historia maravillosamente original en cuanto a su argumento, sino por el manejo de la tecnología implicada en su realización, que la transforman en eso que, a falta de un mejor término original, debemos sumarnos en llamar "toda una experiencia visual" (y auditiva, claro).

El universo interno del filme nos remite a varios antecedentes como "Matrix" y la realidad virtual, el manojo de películas épicas con batallas medievales tipo "Braveheart", las crónicas de la conquista del Nuevo Mundo, un poco de Pocahontas y pueblos aborígenes americanos, reminiscencias de Vietnam y la herencia ineludible de los comportamientos animales de "Jurassic Park", además de los propios auto-préstamos de "Aliens" (el vehículo robótico antropomórfico y quizá hasta la misma Sigourney Weaver).

Que si con esto se prueba la verdad del "nada nuevo hay bajo la luz del sol"... Sí, ¿y qué? La mezcla final ("remix" o reciclaje, llámesele como quiera) funciona e interesa durante las dos horas y cuarenta y dos minutos de que consta. Eso sí: esta película hay que verla en 3D, tecnología finalmente funcional después de varios intentos tormentosos para la vista. ¡Que ahora uno ya no distingue a los personajes de la película del tipo que va pidiendo permiso, butaca por butaca, para ir al sanitario a media función!

viernes 18 de diciembre de 2009

Emoción en sus dos acepciones

Aunque toda la película "Up" (2009) se disfruta con agrado (¿pero es que hay otra forma de disfrutar?), son los primeros doce minutos los que realmente producen emoción tal como nos la define en su primer sentido ese notable grupo de académicos ultramarinos que pretenden distinguir y normar nuestro idioma: "alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática". Logra el filme tal efecto inicial con pocas palabras, momentos significativos, imágenes sugerentes y un proyecto de vida latente. De allí en adelante, ya es el entretenimiento, la risa y la emoción en su segunda acepción ("interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo"), no demasiado diferente de otras entretenidas películas de esta clase, en cuanto a la trama, aun cuando hemos de reconocer el ingenio de los collares parlantes para perro y los ecos del laureado cortometraje "Le ballon rouge" (1956).

viernes 11 de diciembre de 2009

Cero provocaciones

Pese a la somnolienta experiencia de una noche malagueña en 1993, cuando los que éramos jóvenes escritores buscábamos las más diversas y discretas opciones para salir a toda costa de la sala de conferencias del CEULAJ, local donde el cineasta Víctor Erice en persona nos presentaba "El sol del membrillo" como una propuesta y alternativa ante el cine hollywoodense (no con todo éxito, por cierto); y aun cuando hube desistido, ya en épocas más recientes y en DVD, del tortuguesco ritmo inicial de "El espíritu de la colmena"; decidí hacer caso de la crítica especializada y ver "El sur" (1983), etiquetada como una de las obras cumbres del cine español.

En esta ocasión, la experiencia fue satisfactoria, no sé si decir "a pesar de" o "de la misma forma que" contemplar el recorrido de una hormiga en línea recta a través de una mesa rectangular de aquellas de los castillos antiguos, por el lado más largo.

Bien es cierto que Erice ha contado una historia muy enternecedora, pero privándola de casi toda provocación emotiva hacia el espectador, se diría que con actitud de taxidermista excelente aunque obsesivo. Con todo (y a pesar de) su invernal ritmo narrativo, y con la necesaria paciencia de quien se deleita en la contemplación de un lento amanecer o del pasar del tiempo silencioso, la obra es un drama intrigante, montado sobre un texto literario en primera persona, muy bueno por parecer natural y espontáneo, acorde a un apropiado guión cinematográfico; todo lo cual resulta en un final de esos que llamamos "abiertos" y, al mismo tiempo, reflexivos, simbólicos y plurisignificantes.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Suspense sin sobresaltos

La película de suspense "En la ciudad sin límites" (2002) me fue sugiriendo (como debe ser) varias hipótesis de desenlace, conforme se iba desarrollando, casi todos relacionados con la posible falsedad de la realidad aparente (como en "Dark city", "Truman show" y "Abre los ojos"). Pero aun cuando esas insinuaciones no se concretan, en beneficio de un drama familiar y romántico, hay otros tipos de falsedades y engaños que acaban descubriéndose, acaso más dolorosos. Aparte del interés por la trama, me llamó la atención que, pese al género al que pertenece, uno puede observarla con una suerte de tranquilidad intelectual poco usual, sin los golpes de adrenalina a que nos tiene acostumbrados la vertiente cinematográfica anglosajona, contraste del cual brota el gusto por haberse uno enterado de algo novedoso.

domingo 6 de diciembre de 2009

Gris, como ese paisaje.

Sabido es que antes de sentarse a ver cine europeo clásico hay que bajar expectativa de la velocidad de los acontecimientos, más si de cine culto (recomendado por alguna razón estética o página web) se trata, y especialmente cuando hay de por medio una adaptación de una novela. Hecho lo anterior, el concepto de injusticia social que brota de "Los santos inocentes" (1984), del director Mario Camus y basada en la obra homónima de Miguel Delibes, se nos revela en los matices precisos de un realismo sin aspavientos, de donde la condición humana no se reivindica ni con la justa y silvestre venganza ni con la siguiente generación sumergida en un inquietante ostracismo. Lo demás, una sensación depresiva de la que tarda uno algo en recuperarse.

viernes 4 de diciembre de 2009

¿Un lejano retrato?

Guarro (de la voz onomatopéyica guarr-, gorr-, imitativa del gruñido del animal): cerdo, hombre sucio y desaliñado, grosero, sin modales, hombre ruin y despreciable.

"Torrente" es una trilogía cinematográfica centrada en un ex policía guarro, ideado y protagonizado por el cineasta español Santiago Segura. Los filmes oscilan entre la parodia detectivesca, la picaresca contemporánea y la irreverencia. Salvando la dificultad del lenguaje (¡que a los españoles no se les entiende, vamos!) uno se divierte bastante, a pesar de cierto asco por el humor un tanto de retrete que allí se presenta.

Generalmente, la gente se ríe del ridículo ajeno, por lo que en el país ibérico las carcajadas de humor negro (y con frecuencia bastante jayán) brotan de las peripecias de un ser que se supone que no existe masivamente en un país desarrollado. Torrente es machista y misógino, además de vulgar, desaseado, racista, xenófobo, cobarde, acosador... y otras lindezas como poner a su anciano padre a trabajar de mendigo en una esquina o alimentarlo con sobras licuadas de restaurante. Me imagino que allá celebran la película porque entienden que no los está retratando a ellos, pues ya habrían superado tales estadios primitivos; supongo que aquí nos reiremos un tanto porque creemos que el filme presenta una trama que ocurre allende el Atlántico.

Mas, entre risa y carcajada, me vienen un par de reflexiones traslapadas. La primera: si lo que allá son escenas cómicas por absurdas o impensables, aquí no vendría a ser sino un retrato realista; la segunda, si quien se atreviere a criticar mediante la agria comedia los elevados hábitos arraigados en nuestros coterráneos... ¡sobreviviría a los correspondientes atentados!

Con la esencia original

Como soy fan de la teleserie y las películas originales de "Star trek", las subsiguientes producciones nunca me resultaron satisfactorias, pues sin las personalidades del capitán James T. Kirk (William Shatner) y su tripulación estelar, los nuevos inquilinos de la nave Enterprise ocupaban un espacio que nunca acabó de pertenecerles, pese a que al capitán Picard (Patrick Steward) no le queda mal un puesto en el que, no obstante, luce demasiado solo.

El mérito de la producción de 2009 (dirigida por J.J. Abrahms) está precisamente en haber recuperado la esencia de los personajes originales, desde el paciente, sutil y bien elaborado pensamiento estratégico ajedrecístico de Kirk (sin dejar de lado su particular mezcla entre arrogancia y liderazgo), hasta la dualidad lógico-emotiva de Spock, pasando por los temas y paranoias del Dr. McCoy y las características exclamaciones del ingeniero Scottie en la sala de máquinas, más parecida a la de un transatlántico que a la de una nave espacial.

Así pues, más allá de las innovacioens tecnológicas cinematográficas y el ritmo más acelerado propio de esta época, a uno que tiende a quedarse con lo originalmente bueno no le queda más que aplaudir... ¡y disfrutar!

lunes 16 de noviembre de 2009

Teclados, teclados, teclados.

Tan cierto como que la época está en los sonidos es que fueron tres los grandes referentes de teclados de la música de los 70's: el sintetizador Moog, el piano Fender Rhodes (y su competencia un tanto más metálica y dura, el Wurlitzer) y el órgano Hammond. Yo todavía lamento que en mi grupo musical de aquella lejana infancia y adolescencia nunca tuviéramos cualquiera de esos, que eran tocados a hurtadillas cuando nos los encontrábamos en algún festival de conjuntos musicales colegiales por aquí o por allá, todo por los alcances sonoros de aquellos instrumentos, su textura, sus posibilidades interpretativas e incluso su peso (el Rhodes pesaba como un armario con cadáver dentro).

De entre las piezas clásicas que los utilizaron, puedo mencionar tres de mi preferencia: el solo de Moog en "From the beginning", de Emerson, Lake & Palmer; los primeros compases y cortinas del Rhodes (con su efecto de vibrato estéreo claramente perceptible entre el primero y el segundo verso de la letra) en "Only yesterday", de los Carpenters; y por supuesto el perenne y versátil acompañamiento (con un eco de "Air on a G string, de Bach", y el efecto de "leslie" rotatorio incluido) de "A whiter shade of pale", de Procol Harum.

Sin desmedro del cariño que por mi guitarra he sentido en mi vida, es al recordar y escuchar estos tres aparatitos la única ocasión en que asoma una ligerísima envidia por que el piano no sea mi instrumento "nativo".

jueves 12 de noviembre de 2009

Desasturismo

Hoy me encontré esta notita en un periódico local (obvio: hacer clic aquí), en la cual se critica acremente y con justificada razón a la manada de metidos y metidas que van a hacer turismo en zonas de desastre, lo que bien podría llamarse "desasturismo". Esta actitud de infantil curiosidad de nuestro pueblo va desde armar la trabazón en el carril contrario a donde fue el accidente (porque se detienen a abrir la boca) o arremolinarse alrededor de alguien que colapsó, hasta demostraciones del calibre de las mencionadas en la nota periodística, comparables con las expediciones a los desastres de años anteriores, como los terremotos de 2001.

Ahora bien, he aquí la pregunta retórica, maliciosa o perversa (a gusto del cliente): ¿no habría que añadir también como destinatarios del merecido vilipendio a cierto tipo de "profesionales" de la noticia que van a fotografiar, filmar, entrevistar y reportear; más que para dar a conocer las necesidades de las y los afectados, para capturar el dolor ajeno y ofrecerlo luego como mercancía en sus respectivos espacios, a fin de generar audiencia y merecer los ansiados anuncios publicitarios?